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Cartel llamando a la huelga del 29-M |
Uno de los argumentos más repetidos cuando alguien pregunta a otro si va a secundar la huelga general del 29-M es el de “Yo no, porque no va a servir para nada”. En principio, parece más una justificación que una convicción: si sirviera para algo la haría pero, como no va a servir, no la hago.
Asumimos que la huelga es contra lo que, generalizando, vamos a llamar “las medidas económicas del Gobierno”. Con todos los matices que en cada caso se puedan buscar, hay tres grandes categorías de actitudes ante la huelga:
- No voy a hacer huelga porque no estoy de acuerdo con ella.
- Sí voy a hacer huelga porque estoy de acuerdo con ella.
- No la voy a hacer, porque no va a servir para nada.
De entrada, sólo quien pertenece a la primera categoría estaría en contra de la huelga, es de suponer que porque está a favor de las medidas económicas del Gobierno. Nada que decir sobre este colectivo, puesto que es consecuente con sus ideas. La “batalla” contra este colectivo no es el conflicto laboral, sino el razonamiento y la contienda política.
De los otros dos grupos, parece claro que ambos creen que este 29-M hay motivos para la huelga, es de suponer que porque están en contra de las medidas económicas del Gobierno.
Es evidente que la utilidad de la huelga como medida de presión dependerá de cuánta gente la secunde. Un seguimiento masivo podría provocar una recapacitación y, al menos, una retirada vía enmiendas de alguna de las medidas más salvajes introducidas por la reciente reforma laboral. Por el contrario, un seguimiento escaso evidenciaría que la huelga “no servía para nada”.
Ahí es donde está la trampa: quien no hace huelga porque cree que no va a servir para nada, en realidad está provocando que no sirva para nada. Es decir que, volviendo a las tres grandes categorías de antes, estando de acuerdo con los segundos, están trabajando de hecho para los primeros. O, por decirlo de otra forma, estando en realidad en contra de ciertas medidas económicas, están colaborando, aunque sea indirectamente y por omisión, en su consolidación.
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